Como 200 apps tengo instaladas en el teléfono. Las que uso realmente son unas 20, máximo. Las demás están ahí por si acaso, como igual la capacidad del teléfono aún lo logra no he tenido que borrarlas y ahí siguen. Y así las llevo conmigo a todos lados, no pesan nada pero ahí están, las cargo conmigo siempre. A veces las veo y pienso – Cierto que tengo esta app, debería usarla – pero luego simplemente la olvido de nuevo. Así con decenas de ellas. Pero lo mejor sería coger y borrarlas a todas. Pero no me he dado el tiempo.
Dándome cuenta de eso empecé a pensar en todos los recovecos que tengo en el internet. Por ejemplo, hace años aparece una web llamada Read It Later que tenía una extensión de Firefox que te dejaba guardar cosas para leer luego, era mucho más ágil y flexible que guardar en los marcadores del browser y empecé a usarla un montón – Mira, algo interesante, guardar para leer luego, mira otra cosa, guardar para después, otra cosa chévere, guardar para despuesito – con el tiempo esto se volvió una app y se cambió de nombre a Pocket y seguía siendo una maravilla, un flujo super sencillo para poder guardar cosas para luego. ¿Y luego? Tenía como 1000 cosas guardadas para leer después. Un par de ellas sí eran cosas que leí, pero la gran mayoría ya no me llamaban la atención luego de la primera impresión de que quería leerlo. Se convirtió en la primera cosa que catalogué como recoveco de internet, tenía tantas cosas guardadas ahí que se volvió un sinsentido. Eventualmente borré la mayoría de cosas y dejé solo unas pocas, y luego me di cuenta de que ya no quería usar más esta app.
En busca de crear algo más organizado empecé a usar Evernote, creé cientos de cuadernos y ahí guardé un montón de enlaces (dizque) más organizados, bajo tópicos específicos y que de alguna forma me iban a permitir acceder a la info cuando yo quisiera. Nunca volví a ver esos enlaces. Se me hizo otro recoveco, tenía ahí guardadas mil cosas y nunca más las volví a ver. Con el tiempo Evernote trató de monetizar más y más agresivamente y se volvió prácticamente inútil en su capa gratuita. Ahí quedó botado también.
El mismo bucle lo he tenido con muchas otras aplicaciones y servicios, siendo de los más notorios hoy por hoy los “Bookmarks” de Twitter. Otro ciclo de guardar y guardar para nunca más leer. Es una cosa impresionante cómo uno puede guardar tantas cosas sin darse cuenta, es que es tan sencilla la acción, tap, guardado, tap, guardado, tap, guardado. Llegó igual un momento en que tenía guardadas más de mil cosas, un ejercicio inútil. Cogí y borré todo y nada pasó, nada cambió en mi vida, no hubo una sola cosa de las guardadas que hayan tenido que estar ahí, porque es información efímera como todo lo compartido en Twitter, un pequeño anuncio de un pensamiento o chiste o noticia o lo que sea que pasó en ese momento y ya. Que quede guardado se va en contra de su naturaleza. Así que borrado y listo.
Entonces me puse en misión de búsqueda. Este pensar en recovecos y buscar donde tengo cosas guardadas en exceso me llevó a darme cuenta de los dos lugares donde más tenía cosas guardadas sin sentido. WhatsApp y Gmail.
En WhatsApp tenía más de 300 chats inservibles. 300. Trescientos!!!!!. Estaban ahí listados, estorbando. A veces, hacía scroll y veía esta fila incómoda de chats, una lista interminable de conversaciones con conocidos y desconocidos que se había ido quedando ahí rezagados, invisibles, tapados por la actividad reciente, por los chats que sí quiero o me toca tener activos. Entonces cogí y empecé a eliminar los chats personales y grupos que ya no necesitaba. Eliminé esos más de 300 y aún así me quedó como con 100. Son esas cosas que uno no se da cuenta del número hasta que se da cuenta.
Y luego, Gmail. Casi 40000 correos que ya no eran útiles. Entre notificaciones, promociones y actualizaciones de redes sociales. Más de 40000 correos que estaban ahí botados. Inútiles. Borrarlos le tomó a Gmail un buen rato. Casi media hora. Ese número (que en términos prácticos es infinito) de correos estaban ahí haciendo bulto, sin tener el más mínimo valor. No era ningún mensaje como nostálgico, algo que quería tener guardado por alguna razón específica, solo un montón de correos que estaban asociados a mi cuenta sin el menor sentido.
Son cosas que no pesan nada en mi laptop o en mi teléfono (me refiero a peso físico) pero que de alguna forma me tenían ahí bien bien atrás, en el fondo de mi mente, tenían algo de ocupación, un peso encima, un pendiente. Tener un montón de pendientes ahí acumulados, miles de pequeños bytes que de alguna forma empiezan a reclamar atención. Quiero ser más consciente del uso que estoy dando a mis servicios en línea, quiero creer que luego de esto que he hecho de decidir ya no usar servicios y eliminar basura de los servicios que sí uso ya no voy a volver a tener algo así, pero yo sé que mi tendencia es encontrar algún otro recoveco de cosas que me crearán pendientes (de reojo miro a los chats que he tenido con la IA) pero al menos de tanto en tanto, deberé darme el tiempo de liberarme de estos pesos sin peso. De darle orden a mi mente ordenando todo el desorden que voy creando en mi uso de la web.
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